sábado, 3 de noviembre de 2012

Hoy llueve en el paraíso

La única función de una lágrima tendría que ser la de limpiar el ojo, pero la mayoría de veces lo que intentan limpiar es un daño. 
Hemos cerrado la puerta con cerrojo, no queremos que nos vean, que se introduzcan en el fondo. Somos como una caja fuerte, pero débil, porque guardamos lo que nos hace daño bajo llave. Es posible que ni siquiera sepamos lo que ésta oculta, ni nos pique la curiosidad. Solo debemos protegerlo. Intentos fallidos de consolación ya que, al vernos, dicen sentir preocupación. Horas tirados, en la cama, pañuelos, ojos rojos, llorosos. Una mente inestable. Y todo se acumula. Las lágrimas, las dudas. 
Fingimos que todo va bien, o nos lo creemos. Sonreímos en los buenos momentos, decaemos los días de lluvia. Somos normales, eso piensan. Pero bajo el desamparo de la soledad, somos diferentes. Lloramos, y lo hacemos sin sentido. Sin conocimiento. Sin solucionarlo.
Silencio, la única respiración. Eso escuchamos. A veces música melancólica que nos haga sentir peor, porque nos gusta. Somos masoquistas. Imaginamos mil maneras de morir y soñamos con la que más daño hace. Escribimos creyendo que nos va a ayudar, e incluso algunos hacen rituales con sus escritos. Dibujamos, leemos. Buscamos algo que nos de esperanza, algo a lo que agarrarnos. Ignoramos que tenemos que cambiar nosotros.
Llaman a la puerta: Nos lavamos la cara, respiramos hondo. 

Hoy llueve hace sol en el paraíso.

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