Le dio la mano, y ella pensó en el corazón,le dijo te quiero, ingenua, creía que era amor.Irían al fin del mundo, y así lo hicieron,pero él ya no volvió
Era 20 de Abril, un día que, a menudo, llueve. La pequeña soñadora nació inmune, como si ya tuviese el paraguas abierto. Así que todo le resbalaba. Todo acababa cayendo al suelo y, como mucho, salpicaba en sus botas de lluvia, lo que hacía que siguiera indiferente.
Además, no era un paraguas cualquiera; no se daba la vuelta cuando hacia viento, tampoco podía volar, ese ya lo eligió Mery Poppins, sin embargo, se trataba de un paraguas bastante grande. Cualquiera que odiase la lluvia podía refugiarse en él, y la soñadora dejaba entrar y salir a todo aquél que quisiera, por lo que conoció a toneladas de gente olvidadiza o que perdía su paraguas.
Fue en Abril, también, cuando el que dejó su paraguas en casa era otro soñador. Algo mayor, pero soñador como ella. Embaucador. Una sonrisa perfecta que hacía parecer que bajo la tela impermeable del paraguas hacía sol, aunque fuera de ésta los relámpagos y truenos fueran los protagonistas. Sus ojos reflejaban la luna durante las noches lluviosas, y la pequeña soñadora se sentía protegida.
Llegada la estación de verano, era hora de abandonar el paraguas, y lo más parecido, sería una sombrilla.
Él le dio la mano. Ella se la tomó. Dijeron de ir al fin del mundo, pero allí también hacía sol.
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