Te preguntas ¿dónde está mi mente? cuando lo has perdido todo, cuando no te
queda nada. Una melancólica melodía acompaña tus pasos mientras te diriges a
nosequé lugar a recordar nosequé momentos. Lo único que pareces sentir es el
anhelo de un tiempo mejor que ni siquiera eres capaz de imaginar. Tú ya has
estado aquí, y no era solo. El sonido de las hojas cuando las pisas, el viento
que agita levemente tu cabello. El perfume del otoño. El frío, que antes no era
un impedimento, ahora lo evitas recolocándote el abrigo y buscando refugio en
pensamientos ufanos, aunque eres incapaz. Te sientes pequeño, una mota de
polvo. No sabes qué buscas y es probable que por eso no lo encuentres. Estás
desorientado y caminas intentando respirar memorias, segundos felices de la
gente que recorrió tus pasos, porque una de esas personas eras tú. Pero no lo
ves. Te entristece haberlo olvidado todo. ¡Ojalá
no hubieras firmado aquel pacto con el diablo!, te dices. Pero ya no sirve
de nada. Cualquier mal pasado es una leve herida comparado con esto. ¿Serías capaz de reconocer quién te hizo tan
dichoso ayer? ¿Habrá pasado por tu lado? Y te acurrucas a los pies de un
árbol cuyas hojas, teñidas de sangre, en un acto suicida te acogen entre sus
lamentos. Decides morir, aquí, ahora. Te falta aquello que daba sentido a tu
vida.
No hay comentarios:
Publicar un comentario