miércoles, 21 de noviembre de 2012

El otoño que tú me faltes


Te preguntas ¿dónde está mi mente? cuando lo has perdido todo, cuando no te queda nada. Una melancólica melodía acompaña tus pasos mientras te diriges a nosequé lugar a recordar nosequé momentos. Lo único que pareces sentir es el anhelo de un tiempo mejor que ni siquiera eres capaz de imaginar. Tú ya has estado aquí, y no era solo. El sonido de las hojas cuando las pisas, el viento que agita levemente tu cabello. El perfume del otoño. El frío, que antes no era un impedimento, ahora lo evitas recolocándote el abrigo y buscando refugio en pensamientos ufanos, aunque eres incapaz. Te sientes pequeño, una mota de polvo. No sabes qué buscas y es probable que por eso no lo encuentres. Estás desorientado y caminas intentando respirar memorias, segundos felices de la gente que recorrió tus pasos, porque una de esas personas eras tú. Pero no lo ves. Te entristece haberlo olvidado todo. ¡Ojalá no hubieras firmado aquel pacto con el diablo!, te dices. Pero ya no sirve de nada. Cualquier mal pasado es una leve herida comparado con esto. ¿Serías capaz de reconocer quién te hizo tan dichoso ayer? ¿Habrá pasado por tu lado? Y te acurrucas a los pies de un árbol cuyas hojas, teñidas de sangre, en un acto suicida te acogen entre sus lamentos. Decides morir, aquí, ahora. Te falta aquello que daba sentido a tu vida. 

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