Recurría a Ed como manera de
escape; claro, él es de esas personas que siempre está ahí, que fingen que te
escuchan, que aparentemente ayudan. Una buena solución pasajera, pero se acaba
volviendo una necesidad, un contrato vitalicio. Alguien a quien ya no quieres
en tu vida, que deseas que no forme parte ni de tu pasado; pero te persigue, te
vigila cada paso.
Ed te hace feliz, pero te
destroza, y ese es el problema. Los dos primeros días todo parece tan perfecto.
Te sientes bien, va como esperabas. Pero poco a poco te das cuenta de que no es
una solución, sino un problema más, y cuando quieres que se vaya, es cuando más
está. ¡Qué genial es Ed! ¿No?
Todas las que lo conocen, o las
que lo están conociendo. Todas las que un día se rindieron a sus pies y decidieron
tomarle la palabra. Ed. Firmamos sin leer, aceptamos los términos y
condiciones. Y ésa es la palabra: término. El fin.
Ed es un tipo de extremos: o todo
o nada. Y se lo das. Lo que él quiere lo tiene. Pero, ¿en qué medida te afecta
eso? -Soy jodidamente inestable, ¿qué dirías si te confieso que estoy loca?,
¡que estoy loca de atar!- Si le niego algo a Ed, si intento hacerle
desaparecer, acaba recordándome todo lo que ha hecho por mí y lo que hará si no
cumplo. Lo odio. Ed, vete.
Y acabas dejándote. Tu voluntad
es demasiado débil para declararle la guerra después de tantas batallas
perdidas. Y conoces a otras víctimas de Ed, y otras que fingen haberse librado
-¿¡pero cómo puedes…!?- y por fin te sientes en familia, tienes algo en común
con ellas. Te apoyan porque saben lo que estás viviendo, lo que has vivido, y
lo que vivirás; pero ellas también se han rendido, y cada día somos más.
Estoy pidiendo ayuda a gritos,
pero todos están sordos.
Wow gracias por compartirlo ^^
ResponderEliminarMe identifique bastante
Denada :) esperaba que alguien lo hiciese
ResponderEliminar