Mis fuerzas se desvanecen poco a
poco, lo que es gratificante, ya que llevo demasiado tiempo así. Estoy
sentada, apoyada sobre la pared, pero
noto como empiezo a caer sin ni siquiera poder evitarlo; así que me quedo
tumbada, sin esperar nada; ya he esperado suficiente.
Deliro.
Veo figuras extrañas, como
sombras, que se apoderan de mí. Escucho lamentos, sollozos y comienzo a ver
borroso. Se me entumecen las extremidades, que dejan de sentir el frío suelo de
baldosa sobre el que descansan. Intento inútilmente levantarme; no sé por qué
lo hago, me estoy quedando sin energía, como la batería de un puto ordenador.
Me estoy apagando, por fin.
Esta vez lo he hecho bien. La
sangre no corre por mis venas, sino sobre ellas. Los cortes, verticales y
profundos, se sumergen en las cascadas carmesí que recorren mi antebrazo.
No he dejado los motivos grabados
en ninguna parte. No lo he hecho porque no los tengo. Quería acabar con esto.
Soy yo la que está al revés.
Pienso diferente. Estoy loca. Paso de la risa al lloriqueo en un segundo. Creo
que todos están en mi contra. Que vienen a por mí. Que si no lo hago yo ahora,
alguien lo hará antes, y no le voy a conceder ese placer.
Dentro de poco, los verbos irán en pasado. Yo seré un
recuerdo, una mala memoria. Algo que estuvo ahí, que nadie supo controlar.
Indomable, como el tiburón. Rebelde.
Me pesan los párpados, y no me resisto a cerrarlos. Ya me he rendido suficientes veces.
Pertenezco a otro lugar, a otro
tiempo, otra vida, otro cuerpo. Esta no soy yo.
Me encanta tu blog! acabo de empezar a leer algunas entradas y la verdad esque ,me estas enganchando.La frase final que pones aqui,es increiblemente genial,sincera...sin palabras.
ResponderEliminarGracias, de verdad!
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